Si alguna vez has pensado en llevar un frasquito de poppers en tu maleta rumbo a Roma, Milán o Nápoles, lo primero que hay que decirte es: tranqui, respira… pero no el popper todavía. Antes de que termines en una conversación incómoda con un agente de aduanas que no entiende por qué tu “ambientador” huele